Siempre he pensado que había algo fraudulento en el periodismo viajero de Valentina Quintero. Sus crónicas de paseo por el paraíso en las idílicas carreteras venezolanas no coincidían con mis experiencias llenas de basura, mal servicio y alcabalas punitivas llenas de funcionarios policiales con las caras cruzadas por el odio. Hacer turismo en nuestro país a mi me ha servido para verificar eso que alguna vez alguien dijo en clave de humor: “Los venezolanos nos tenemos arrechera los unos a los otros”.
En una ocasión, esto es verídico, soñé que me desplazaba con mi familia en un automóvil buscando una dirección afanosamente, todos estábamos cansados pero la oferta del oasis que nos encontraríamos al final de este peladero de chivo era tan esperanzadora, que toda nuestra atención era para ese Araguaney plantado en el horizonte donde encontraríamos la tierra prometida. Según había leído ahí nos esperaban traslúcidos pozos naturales atendidos por la señora Juliana, famosa por sus exquisitas empanadas de pepitonas frescas y que me harían olvidar toda la miseria que había superado en el camino. Al llegar y encontrarme en un barrial y las grasientas empanadas de la doñita que parecían el desecho tóxico de una planta de Chernobyl, me hicieron arrodillarme en la tierra y gritar al cielo: ¡Valentina, me lo hiciste otra vez!
Mi relación de amor-odio con Valentina es unilateral, por supuesto. Igualita a la de esas señoras que pelean con los personajes de la telenovelas. “¿Pero como vas a recomendar esos ríos donde hay alerta de Bilharzia?” – “¿Explícame eso de mandar a la gente a las fiestas patronales de Santa Ana donde mataron a 3 el año pasado?”. Y así me puede usted encontrarme en la sala de mi casa semidesnudo gritándole a mi revista dominical. Lo sé, una imagen no apta para cardíacos, pero al menos real.
Tras un largo estudio y encuestas entre mis amigos que saben leer, he descubierto que el estilo Valentina Quintero tiene potencial para ser una religión. Cientos y miles de venezolanos leen con fe sus crónicas de viaje en ese país que tiene un potencial maravilloso. Mi postura: No se pueden apoyar las fantasías lisérgicas de alguien que reporta las maravillas de un lugar que no existe. No obstante, mi tozudez fue iluminada y apareció la palabra con la que Hollywood remata todos sus malos guiones y que en el fondo es lo que la mayoría desea. El amor. Si triunfa el amor la taquilla siempre estará asegurada. Mujer bonita, pero en Valle de la Pascua y Richard Gere con maruto.
¿Qué la señora se ha lucrado piropeando un país que no se lo merece del todo?. Sí. ¿Y Qué?. El número sobredimensionado de lectores de Coelho en nuestro país es proporcional al grado de desesperación, por lo que una sobredosis de “Valentinaquinterismo” nos viene más que perfecta. Si a ella la motivan los reales o el amor por su país, es otra discusión que no me interesa, pero el subtexto de todo lo que produce Valentina es: “Yes, we Can”. (Por cierto, ¿Cuándo los productores se animarán a buscar el Super Obama sensacional?, seguro en Caruao encuentran el doble)
Dios vive en los detalles, y son esos que se resaltan en las crónicas de la Quintero lo que hace que nos olvidemos, por un instante, de la foto completa. Es supervivencia y escape de la realidad apocalíptica que nos hemos creado. Es una nueva aplicación del síndrome de Estocolmo para todos aquellos que sentimos a Venezuela como un botadero de sueños. No soy yo, son los 1 de cada 3 que se irían si tuvieran la oportunidad según las últimas encuestas. Amar a Venezuela se pone difícil, es como empatarse con una mujer que esta buena y tiene tendencias suicidas.
Entonces, ¿Voy yo a dispararle con mi verbo a esa mujer que anda buscando o exagerando buenas noticias?. Nací en Caracas, pero no soy tan canalla. Si alguien esta haciendo un poco de patria es ella, si alguien promociona la desértica cultura turística con aparente buena fe, debe ser conservado como las toninas del Orinoco.
Entonces llegamos al extraño Karma de Valentina Quintero, como un guión de una película de injurias y personajes retorcidos, ese pueblo costero atentó contra la propiedad de quien fue una de sus más fervientes promotoras. Y me consta, por que fui asistente de producción del primer programa piloto de Valentina hizo para TV, y pase una noche en la finca de los Quintero después de haber grabado y buscado bajo las piedras lo bueno que tiene que ofrecer Caruao.
La Guachafita, ahora reducida a cenizas es nuestra versión de la fábula anónima, utilizada por Tarantino en sus Asesinos por Naturaleza, de la rana y el escorpión. En ella un escorpión le pide a una rana que le ayude a cruzar el río. Prometiéndole no hacerle ningún daño, La rana accede subiéndole a sus espaldas pero cuando están a mitad del trayecto el escorpión pica a la rana. Ésta le pregunta incrédula ¿cómo has podido hacer algo así?, ahora moriremos los dos ante lo que el escorpión se disculpa “no he tenido elección, es mi naturaleza”.
Aquí tienes un fan Valentina, y parafraseando a Sentimiento Muerto, el amor ya no existe, hay que hacerlo. Como lo haces tú.

una belleza Tom
la mujer bella pero suicida es la mejor metafora del pais, pero by far…
un abrazo y q jamas te expropien el dedo gordo…
Excelente Tom!!! cuanta realidad… un abrazo…
El escorpión picó a la rana…como le pica todos los días a un Venezolano que verde rana se le quitan hasta las ganas de seguir y seguir…rodar y rodar porque EL sigue siendo el Rey y pica duro, envenena y dolorosamente mata…
Pero mas razón tienes cuando nos incitas a hacer el amor que no existe…porque los venezolanos nos caemos mal los unos a los otros…y viceversa…
Sobre las quintero…que le sigan echando pichón, que algun día ese pájaro crece y se convierte en Ave Fenix…
Excelente…os felicito…y no me caes mal…
Excelente! Yo conozco cuentos de la antipatía y soberbia de la Quintero, pero no lo imagino suficiente para tal fenómeno Karmático.
Queda la duda. A los que queramos hacer el amor como Valentina, nos espera el mismo destino?
Excelente texto!
Que bueno chamo y también triste.
Espero que gracias a gente como Valentina y como tu, pronto dejemos de tenernos arrechera
Excelente, nunca mejor descrito.
“Por cierto, ¿Cuándo los productores se animarán a buscar el Super Obama sensacional?, seguro en Caruao encuentran el doble”
¡Y de seguro a uno tuyo también! Ah bicho pa’ feo, ah?
Deberías irte, sapo estripa’o. De seguro fuera de Venezuela serías una gran persona. Dále, vete. Y luego nos haces tus crónicas de cómo te tratan por allá.
Demasiado bueno, saludos!!!
no estoy de acuerdo mi venezuela no es tan mala
Yo te voy a ser sincero pana. A mí me da ladilla de la gruesa ver cualquier programa de televisión de turismo. Verga es que uno se huele la vaina: eso no puede ser verdad. Muchas flores y mucha sonreídera de gente que te estruja en la cara esa felicidad de plástico del que no tiene peos en la vida.
Yo cuando salgo con la mujer y los chamos procuro ir a sitios de comprobada capacidad desestresante. Voy con algún pana que ya haya ido. Yo esa vaina de echarle bolas hasta el aragüaneicito hace años que no me la calo. La última vez que hice esa vaina fue con el Corroncho y todavía me estoy lamentando.
Epa pero después de leerme todo el post me quedó una duda. ¿Tú dices que la tipa nos mojoneeó a todos y después sales con que hay que defenderla como a una tonina del Orinoco? Verga la gente sí es rara.
Otra vaina pana. Yo sé que tú me entiendes. ¿No es una ladilla la gente que ladilla cuando uno se pone a criticar las vainas de Venezuela? Viiiiirga. Uno no puede decir: Qué arrechera se fue la luz!!!! Porque ahí mismo salen con que Vete pal coño pa que veas lo de pinga que es lavá pocetaaajjjjj!!!!!
Conozco a el camarografo que durante mucho tiempo rodó los programas de Bitácora con Valentina, y déjame decirte que según lo que me contó esa persona (que para mi es información de PRIMERA mano) son puras cosas buenas. La tipa, ama lo que hace, le gusta Venezuela (aunque me cueste créelo), y es una de las pocas que todavía cree que hay esperanza en este decadente país.
Estupendo texto, Tom. Conmovedor. Valentina se lo merece. Un abrazo.
Muy bueno, sin palabras.
Wow… Increíble, ¿no?
Tras leerte sólo me pregunto una cosa ¿Qué estás haciendo tú por Venezuela? (bien sea movido por dinero o por interés propio).
Quizás tengas razón en alguno que otro punto, tu opinión es tuya y la respeto, pero no la comparto. Tampoco voy a razgarme las vestiduras defendiendo a Valentina Quintero porque, ni siquiera la conozco, sólo he leído su trabajo y, no sé tú, pero yo sí he tenido gratas experiencias con las recomendaciones que ella hace.
Por lo menos, dentro de todo lo malo que pueda tener nuestro bello país (las cuales por lo visto tú resaltas fácilmente) hay una persona que se dedica no sólo a escribir y recomendar sitios y parajes turísticos, sino que eso, mi querido amigo, impulsa la economía nacional, mueve el turismo y genera ingresos a esas familias cuyo único sustento es vender esas “empanadas grasientas” que comentas en el post.
Nuevamente te lo digo, respeto tú opinión, pero la verdad es que muy difícilmente podría compartirla.
Saludos.
Yo coloque en mi perfil de fbk que eso de ser bohemio no es remunerado, creo que lo de Valentina es en parte eso, creen en una Venezuela que mas allá de sus males diarios, tiene gente buena y paisajes que no le envidian a nadie. Me confieso parcial porque si conozco a Valentina y toDo esto me ha puesto definitivamente en su defensa. Habiendo dicho eso tu escrito es muy honesto y creo que hay una Venezuela real que no es como en el programa, mis ejemplos: Higuerote es insegura si, pero los viejos y sus cuentos de aparecidos y brujas me hicieron las vacaciones allá memorables, Anzoategui es caro pero su gente es muy chevere, mientras que en Cojedes hay un vacío dejado por sus habitantes ya que no hay empleo, y así tu ves todo, unas son de cal otras de arena yo me he empeñado a hacer turismo cuando puedo, pero no he encontrado empleo en 1 año y mi esposo es comerciante informal así que Valentina y sus escritos o sus programas te dan ese retiro necesario de la rutina y de la impotencia, la mía en este caso de no poder conocer mas de mi país, que me gusta y del que estoy orgullosa muy a pesar de todo. Yo no te digo que te vayas porque no se puede hacer nada por el país desde fuera, tampoco te critico, sino alabo tu escrito libre de calorías y melcocha.
Kudos!… Yo no he seguido las recomendaciones a pie juntillas de Valentina, pero me encanta que promueva al país. Acá he tenido experiencias maravillosas y otras no tanto, pero esto sucede en todos los países. Hay días que las aguas están cristalinas y hay otros que son un barrial. Es una cuestión de suerte a veces. Hoy no tenemos tanta suerte y son un barrial.
Mejor no podía estar…!!!
Yo creo que Mérida es una de esa excepciones que hacen buena la regla. En Mérida tódo es bueno. La gente, el paisaje, las posadas, los precios y el servicio. Es la única región donde nunca me ha pasado nada malo, ni he oído que le pase a otros. Mérida es tan arrecha, que no parece Venezuela…
“Amar a Venezuela se pone difícil, es como empatarse con una mujer que esta buena y tiene tendencias suicidas.”
Y yo le agregaría mi colorario: que esta buena, tiene tendencias suicidas, y padece una ETS (Enfermedad de Transmisión Sexual). Llévatelo.
Magnífico. Con gusto, te seguiré leyendo y efectivamente “dios está en los detalles”, detalles que en Venezuela se nos hacen cada vez más extraños.
hay de lado y lado, por supuesto no todo lo que describe la Valentina Quintero en sus viajes sera para nosotros color rosa, ni tampoco un viacrusis, quien esta amargado y triste ni que vaya a japon o Francia o la estatua de la libertad. Ella lo que hace es transmitirnos su espiritu alegre y viajero para amar mas a Venezuela. lo que pasa es que aqui son muy mierdas como todo…
Por cierto ya se le resolvió el peo a Valentina. Ver aquí –> http://www.eluniversal.com/2010/03/22/grccs_ava_inti-valida-propieda_22A3628451.shtml
Muy buen escrito¡¡¡.
Hay que tomar en cuenta que cuando ella y su equipo va a un pueblecito se genera todo un acontecimiento y cada una de las posadas, de los hotelitos, restauracitos, en fin, cuanto tarantín haya, va a dar lo mejor de sí para impresionarla. En cambio cuando un mortal como uno va… la cosa es diferente.
A mi me pasó en una posada casualmente en Caruao a la que ella describió como con unos dueños amabilísimos, resultó que de vaina y nos dirigieron la palabra a mí y mi familia, la verdad nos sentimos ignorados por ellos.